Las carreteras de la costa croata son iguales a las que tenísmos en España, hace no mucho tiempo. Estrechas, en un lado un precipicio y en el otro una pared de la montaña, si a eso le sumamos el carácter suicida de los lugareños nos sale un cocktail la mar de divertido.

Tardamos mas de tres horas, en hacer 220 km, de Split a Dubrovnik. Espectaculares paisajes con carriles estrechos y precipicios a la derecha. Las montañas llegan hasta el mar y la carreteras las han hecho rebajando la roca. Están construyendo una autopista, que inagurarán en el 2012.
Llegamos sobre las 13:30. En ese momento conocimos a nuestro casero: Edi Macinko. Rapidamente nos organizó. Mari Carmen cogio las maletas y las llevo a su casa, yo lo seguí con el coche al único sitio donde se puede aparcar gratis en Dubrovnik y dejarloen un sitio seguro (esta información es reservada y solo la daré a cambio de algo). Aquí empezó mi aventura, dos bicharracos subidos en una moto de cincuenta centrimetos cúbicos sin casco y este hombre conduciendo como un adolescente, pasando entre coches, metiendonos por la acera, por el carril contrario y a la vez saludando a la gente. Además yo no se ir de paquete, porque hace años que soy el que conduce.
Cuando me repuse de la experiencia motera y vimos la habitación cerrramos el trato. Al preguntarnos que ibamos a hacer, nos dijo que mejor nos quedabamos otro día allí y veiamos el país vecino, Montenegro. Visitando Kotor, Budva y San Stefan. Nos dejamos convencer rapidamente. Edi es un personaje digno de conocer, un apasionado de su trabajo y su ciudad. En 5 minutos, nos dijo que ver, donde comer y beber sin dejarnos una pasta, no para de bromear y de ofrecerse si tienes algún problema o duda. Un diez para este señor.
Otro dato importante, el Sobe (Especie de Bed and Breakfast, al estilo croata) esta a 50 metros de la entrada del casco antiguo de Dubrovnik, el sitio es inmejorable y si tienes suerte, te tocará una habitaciòn con vistas al mar.
Lo mas caracterìstico de este patrimonio de la humanidad, que es la ciudad de Dubrovnik, son sus calles de marmol y sus edificios medievales. Fue una repùblica independiente muchísimos años. Fue el primero en reconocer a Estados Unidos como país. La antigua Ragusa, es un fortín con murallas que recorren todo el perimetro con una anchura entre 4 y 12 metros, la cual se puede recorrer por 10 euros. Dentro hay una barbaridad de bares, cafeterías y tiendas que hacen que parezca mas un parque temático que una ciudad medieval.
En el palacio Sponza son soplaron 25 Kunas (2 euros) a cada uno, por ver unos cuadros modernos y el patio del palacio (3 minutos). En un lateral, tienen una sala en recuerdo de las personas que murieron defiendiendo este icono de Croacia, en la reciente guerra de los Balcanes.
El ejercito Yugoslavo, apoyado por los serbios, los bosnios y los montenegrinos se dedicaron durante 2 años a bombardear por tierra,mar y aire la llamada Perla del Mediterraneo. 384 edificios dañados y 111 impactos directos contra la murallas. Gracias a las donaciones particulares de los vecinos y a la ayuda internacional recuperó su esplendor. Los tejados oscuros son los que tuvieron que reconstruir.

A mi me gusta mas la ciudad cuando empieza a atardecer, los cruceristas se van y la tiendas comienzan a cerrar, en ese momento si que pareces que has retrocedido 500 años atrás. Es precioso el atardecer desde el Buza, un bar de copas en las rocas que hay bajo las murallas. Después dar un paseo entre las calles estrechas y los edificios altos de roca. Una maravilla dificil de igualar.
Todavía no nos hemos amoldado al horario semiguiri que tienen aquí. Queriamos comer pescado pero cuando llegamos al restaurante a las 22:00 estaban cerrando. Terminamos comiendo pasta: Manmely espaguettis con Pesto y yo Tortellini con queso gorgonzola y nueces
Acabamos la noche hablando con nuestras familias por Skype usando el Hotspot gratuito de Lacoste. Enseñandoles la calle principal de Dubrovnik con la webcam del miniportatil.
Perdonad, los errores es lo que tiene escribir medio dormido. Cuando vuelva repaso todos los relatos. Gracias Andrés por acordarte.